¿Y usted cómo sabe que los magos hacen trucos?

El mago pone a su guapa asistente en una plancha debajo de una sierra eléctrica circular de más de un metro de diámetro que gira furiosamente.
Quizá corta algún trozo de madera para constatar el poder destructivo del gigantesco dispositivo. La sierra eléctrica baja de manera dramática hacia el vientre de la guapa asistente hasta que la toca.
La mujer trata de escapar pero está sujeta con cadenas. La sierra entra con una sacudida en el cuerpo, cortando el vientre. Es posible que se vea sangre. La guapa asistente parece morir, sus músculos se relajan, la cabeza cae hacia un lado y los espectadores miran cómo la sierra termina su corte y se ve sobresaliendo por la espalda de la asistente, convertida ahora en dos medias asistentes más o menos guapas, una del ombligo para arriba y la otra del ombligo para abajo.
El público que asiste a un suceso así, sin embargo, no grita con horror, no se siente espectador de un asesinato vil, no sale corriendo a buscar a la policía, no salta como una chusma desbocada a linchar al sonriente mago. Simplemente espera.
Lentamente, la gigantesca sierra se levanta, el  mago mueve las manos estudiadamente, probablemente se arroja algo de humo en el escenario y suena música correspondiente a la emoción. De pronto, la asistente recobra la vida, es liberada, salta grácilmente de su plancha de tortura al escenario, sonriendo ampliamente, como un anuncio de pasta dental.
El mago la recibe tomándola delicadamente de la mano.
El público observa que ni siquiera el ajustado traje de lentejuelas de la proverbialmente guapa asistente muestra siquiera una desgarradura.
Los asistentes aplauden, el mago y la, sí, guapa asistente, se inclinan agradecidos, cambia la música y viene el acto siguiente. A ver, si yo veo de noche en un rincón oscuro a cualquier ciudadano serruchando a una mujer, guapa o no, trataré de impedirlo si el tamaño me ayuda, o llamaré a la policía, o gritaré pidiendo auxilio y alertando a los vecinos… no me quedaré ahí esperando a ver qué más pasa.
Pero el público, en este caso, se queda tan tranquilo.
Evidentemente, el astuto público sabe que está ante un truco de magia de escenario, un acto de ilusionismo. ¿Cómo lo sabe?

Vaya, la pregunta es tan tonta que responderla es difícil.

En serio, ¿cómo sabe usted que no ha asistido a un hecho asombroso de verdadera magia o brujería en el cual una persona ha sido cortada por la mitad y reconstruida debido a las energías del prana o el chi, la percepción extrasensorial, la hipnosis, la influencia de los espíritus o cualquier secreto milenario de los antiguos egipcios?
Piénselo.
Si viéramos este acto de ilusionismo con la estrechez de miras, la obtusa mente y la incapacidad racional de los charlatanes y su séquito, se nos podrían presentar argumentos sensacionales que resultaran en diálogos reveladores:

Gran Tragaembustes (GT): “No hay una explicación científica para lo que hemos visto: cortar a una mujer y pegarla de nuevo es un portento. 
Debe ser un fenómeno paranormal que debemos estudiar con un zahorí, una cacerola desvencijada, una cámara de fotos y un balde bien abastecido de agua con su correspondiente fregona (o trapeador).”

Incrédulo remiso (IR): “Hombre, es un truco”.

GT: “Y ¿cómo lo sabes?”

IR: “Pues porque es imposible rebanar a una muchacha sin que haya cortes de nervios, destrozo surtido e intenso de multitud de órganos internos, cortes en la piel y la consecuente muerte. Sin contar con que el vestidito de tul con lentejuelas habría quedado como la fregona o trapeador que pides. Pegarla de nuevo es imposible, ni un equipo de los mejores cirujanos podría hacerlo.
Nunca se ha hecho, habría sido un notición.”

GT: “¿Quieres decir que lo sabes todo, altanero cientificoide?”

IR: “Ni todo ni mucho, apenas un poco. Pero esto es un truco.”

GT: “O sea, estás fanáticamente cerrado a considerar lo que has visto con tus propios ojos como una verdad que puede tener importantes consecuencias parapsicológicas.”

IR: “Pues ya puesto así, sí. Una cosa es tener la mente abierta y otra dejar que le entre cualquier trozo de basura. No es necesario precisamente un cociente intelectual de 140 para saber que esto es un truco. Un niño te lo podría decir.”

GT: “A ver, demuéstrame que es un truco o un fraude. Dime cómo se hizo.”

IR: “No tengo puta idea de cómo se hizo, pero no necesito conocer el truco para saber que es un truco, eso no tiene nada que ver.”

GT: “O sea que no puedes demostrar cómo se hace.”

IR: “Así, tomando una cerveza después del show, pues no.
Necesitaría que el mago me permitiera conocer el truco que él usa, estudiarlo, analizarlo o hacerlo confesar. Y como él vive honradamente de sus trucos y los llama trucos de ilusionismo, pues difícilmente me los va a revelar o a permitir que los revele. Y como hay muchas formas de hacer un efecto mágico, incluso un mago puede no saber cuál de las formas se usó en este caso particular.”

GT: “Pues yo, como hymbestygador parapsicológico afirmo que se trata de un fenómeno misterioso, paranormal y lo suficientemente interesante como para escribirme un libro sobre el tema y hacer una asociación de hymbestygadores (en la que por supuesto aceptaremos a todos los hymbestygadores que piensen lo mismo que yo) para ocuparnos del tema y conseguirnos un programa en la radio.
La primera frase de mi libro será: `no se ha podido encontrar una explicación científica al fenómeno`. Venderé carretadas de libros.”

IR: “Pero si es un truco, cualquier persona normal puede verlo.”

GT: “Cerrado, dogmático. Nunca te dejaré hablar con mi Zoociedad Nazi-o-nal de Hymbestygasyón Paranadológica. Y ya sabrás de mí y de mis abogados, infeliz.”

El hecho real es que en muchas ocasiones resulta muy difícil saber cómo hacen sus trucos los magos, especialmente si son buenos.

De eso depende su éxito ante el público. Pero todos los que estamos en el público sabemos que es un truco. La diferencia entre los trucos mágicos y muchos fenómenos paranormales es que el mago abiertamente dice que presenta “efectos” o “ilusiones”, que utiliza elementos bien conocidos como la distracción, la habilidad con los dedos (prestidigitación), aparatos, ilusiones visuales, espejos y toda una variedad de herramientas de su oficio que le permiten ser un actor que en el escenario interpreta el papel de mago.
Por su parte, los fenómenos paranormales se presentan como hechos reales aunque parezcan precisamente trucos. Cuando los magos se interesan por el nivel de superchería de los buhoneros del ocultismo, suelen hacer demostraciones asombrosas.

He hablado aquí de “El Místico Abadaba”, que hace unas cirugías psíquicas que son un primor. Se ha mandado hacer un dedo pulgar falso como el que usaba Tony Agpaoa, del que extrae disimuladamente sangre y tripitas de pollo que parecen surgir del vientre del “paciente” con una verosimilitud asombrosa. Cuando un curanderoide brasileño de nombre “Arigo” impresionaba a los ignorantes metiéndose un cuchillo entre el párpado superior y el globo ocular, James Randi aprendió a hacerlo, demostrando que ni es difícil, ni duele, ni tiene de paranormal más de lo que tiene la televisión o los acordes en Do mayor. Pero se ve impresionante.

Como los magos viven del secreto de sus ilusiones, no son muy dados a contar cómo las hacen. De hecho hay toda una ética al respecto. Alguna vez, absolutamente confuso por un truco y aprovechando que estaba mostrándole México a Randi, le pregunté cómo se hacía. El viejo mago me preguntó “¿Te interesa simplemente saberlo o piensas practicar el truco?” Le dije que era pura y vil curiosidad y me informó que me iba yo a quedar con las ganas de saber. Tiempo después, ante otro truco “urigelleresco”, le dije que yo quería hacer eso, y con gusto me lo enseñó.

Es un efecto impresionante mediante el cual el espectador puede ver con sus propios dos ojitos suyos de su propiedad cómo uno de los dientes de un tenedor se va doblando solito de manera absolutamente inverosímil. Si los magos, que finalmente son gente del espectáculo, mantienen en secreto sus trucos, es de suponerse que quienes pretenden engañar a la gente presentando un truco como “fenómeno paranormal” son incluso más celosos de sus secretos. Eso dificulta que se pueda responder rápida y precisamente a la exigencia de los creyentes, crédulos o comerciantes: “A ver, dime cuál es el truco.” A veces, descubrir el truco cuesta trabajo y riesgos.

Los primeros estudiosos de los tales “cirujanos psíquicos” filipinos estuvieron en peligro real cuando se hicieron de trozos orgánicos que, diciendo que eran “tumores”, el charlatán “extraía del cuerpo del paciente”. Claro que no le hicieron gracia a los charlatanes, los trozos resultaron ser menudencias y sangre de pollo y cerdo, nada de tumores ni zarandajas similares. A veces, descubrir los trucos demanda de grandes conocimientos y valentía como los de exhibió Harry Houdini en numerosas sesiones “espiritistas” en las que su habilidad como mago le permitía ver de manera clara cómo se provocaban las “maravillas” que convencían a sus coetáneos de que los “médiums” tenían línea directa con el más allá.

Pero no faltó el que quisiera ponerle las manos encima al mago cuando los dejaba con el culo al aire, aunque la excelente condición físicoatlética de Houdini siempre impidió que las cosas llegaran a mayores. A veces, descubrir el truco no sirve de mucho, por las explicaciones verdaderamente fantásticas de los farsantes, como Uri Geller, que repite como guacamaya que si bien muchos magos pueden hacer trucos con los que obtienen los mismos resultados que Geller, los efectos que él, Uri, obtiene, son sin truco.

Es decir, ante dos efectos idénticos, y sabiendo que uno es una ilusión, se nos pide que creamos que el otro es producto de poderes rarísimos y sobrenaturales. A veces no se puede descubrir el truco porque los charlatanes no se dejan, simplemente, aduciendo todo tipo de argucias y distracciones. En tales casos, es necesario echar mano del sentido común (el menos común de los sentidos) y de la lógica más elemental para determinar si algo tiene o no visos de ser anormal, ya no digamos paranormal. Cuestionarse su verosimilitud, buscar casos parecidos, razonar desapasionadamente.

No hacer eso conlleva el riesgo de que usted, al no saber cómo hace sus trucos un mago, decida que lo que hace el mago no es un truco. Piénselo detenidamente: a lo largo de su vida ha visto muchísimas maravillas a cargo de los ilusionistas profesionales; se adivinan cartas, los objetos cambian de lugar misteriosamente, aparecen objetos e incluso animales de la nada, otros objetos o personas desaparecen, se destruyen y reconstruyen distintos materiales (cuerdas, periódicos, personas completas), parecen violarse las leyes de la naturaleza… y sin embargo usted sabe que eso es imposible, que es un truco, y siempre se hace la pregunta: “¿cómo lo hace?”, y aunque no tenga respuesta, no se inquieta pensando en que sea una real violación del orden del universo.

Por tanto, si alguien llega con otra aparente violación de las leyes naturales, del orden universal, y dice que no es un truco… ¿por qué vamos a creerle más a sus afirmaciones que a todo lo que sabemos sobre el mundo y su funcionamiento? Dicho de otro modo, si parece un truco, lo más probable es que sea un truco: caras que aparecen en el piso, aparatos supuestamente extraterrestres, comunicación con los muertos, profecías de las que siempre nos enteramos después de los acontecimientos… si alguien, contra toda lógica, dice que el fenómeno no es un truco, que realmente se han violado las leyes naturales y se ha roto en pedazos el orden del universo, más vale que tenga pruebas, pruebas sólidas. Pruebas al menos tan asombrosas como extravagante es su afirmación.

Porque los magos funcionan de buena fe, pero los charlatanes no. Así que, cuando le presenten alguna nueva maravilla, recuerde que usted sabe que lo que hacen los magos son trucos. Y generalmente mejores que las barbajanadas que nos venden los parapsicólogos y demás fauna desvergonzada.

Usted también puede ser Psiquico

Por: Por David Andrés Galeano

En la actualidad existen miles de embaucadores que por ganar un poco de prestigio y/o dinero engañan a personas poco instruidas en el tema de la magia y prestidigitación.
Esos personajes se mofan de sus habilidades para mover objetos con la mente (psicokinesis), adivinar el futuro, ver a través de la piel, prender papeles con su mente, transmitir pensamientos y un sinnúmero de situaciones más.

Esos actos, que para algunos pueden parecer verdaderos e irrefutables, son simples trucos hechos por personas altamente capacitadas en prestidigitación y magia. Supuestamente estos casos son evaluados por físicos, químicos, matemáticos, en fin, personas entendidas de la ciencia.

Tal es el caso de Charles Tart: Físico de la universidad de California en Davis, quien jura y perjura que nadie lo puede engañar en algún experimento que se le haga a algún psíquico, por su condición de “doctor en física”, en igual condiciones se encuentra Harold Puthoff, y John Taylor (Aunque este ultimo después de encuentros con James Randi, aceptó que había sido vilmente engañado por diversos farsantes de lo paranormal, entre ellos el ya muy desacreditado Uri Geller).

Ningún científico está en la capacidad absoluta de investigar un fenómeno paranormal; donde quizás pueda existir el fraude. Un científico no está preparado para las trampas, pues él investiga la naturaleza y esta es muy “honesta”, las personas en cambio si hacen trampas.
Para la investigación paranormal debe ser utilizado en primera medida otro tramposo como un mago o prestidigitador que maneje un pensamiento crítico. ¿Por qué?, Porque cualquiera con una buena preparación en magia, puede engañar a su publico argumentando que son poderes paranormales, sabiendo que solo son trucos.

A continuación expondré como se realizan algunos de los trucos de magia utilizados por los que dicen tener “poderes paranormales”: (Otros trucos pueden ser leídos en el artículo “Doblado psíquico de metales”)

• DETENER LOS LATIDOS DEL CORAZÓN: Este sencillo truco fue utilizado por Carlos, un médium preparado por James Randi, quien pretendía demostrar cuan fácil se engaña a los supuestos investigadores científicos en la investigación paranormal.
El truco consiste en meterse bajo la axila un elemento sólido, como un pequeño tarro donde vienen los rollos de cámara fotográfica. Al hacer presión del objeto contra el cuerpo se bloquea la arteria que lleva la sangre al radio (Donde se toma el pulso en la muñeca).
Cualquier “médium” que supuestamente entre en contacto con el “mas allá” solo es presionar su axila contra el cuerpo con un tarro dentro de ella, y de inmediato se le detendrán (aparentemente) sus pulsaciones.

• TRANSMISIÓN DEL PENSAMIENTO: Este truco puede tener muchas variantes según se quiera hacer El más común de todos, es utilizando las cartas SENER, las cuales fueron creadas precisamente para la investigación de la transmisión del pensamiento.
Las cartas sener, son cartas comunes y corrientes, solo que tienen como dibujos: *Circulo *Cuadrado *Tres líneas onduladas, *Estrella de 5 puntas *Cruz. De cada figura hay 5 cartas, o sea que en total son 25 cartas sener.
En el acto, el supuesto psíquico transmisor, se lleva las 25 cartas previamente mezcladas, a una habitación, donde hay alguien que lo vigila. En la otra habitación está el receptor con una hoja y un lápiz esperando que la figura (cruz, circulo, líneas onduladas, estrella o cuadrado) sea transmitida para anotar el orden en que le envía la información.
Cada uno, cuenta con un botón, que al oprimirlo se le enciende una luz en el otro cuarto, indicando que ya le transmitió la carta, posteriormente el receptor anota en el papel la carta que fue transmitida, para regresarle al emisor la señal oprimiendo otro botón, indicándole que recibió bien la señal y está preparado para recibir mentalmente otra carta.
El truco es conocido en la jerga de los magos como “retardo temporal” consiste darle a cada carta un tiempo determinado, por ejemplo: 1 segundo -> circulo 3 segundos -> cruz 5 segundos -> líneas onduladas 7 segundos -> cuadrado 9 segundos -> estrella Así por ejemplo cuando el emisor reciba de la baraja un cuadrado, contará mentalmente 7 segundo y oprimirá el botón que enciende la luz del receptor indicando que ya fue enviada la información.
El receptor también habrá contado 7 segundos, por lo cual entonces puede deducir que la carta enviada es un cuadrado. Este truco puede tener múltiples variaciones, con cartas de póquer, donde el retardo temporal debe ser más exacto, o con palabras, en fin, este método es muy versátil de utilizar.

• TRANSMISIÓN DE CARTAS POR TELEFONO: Un truco utilizado por psíquicos que intentan demostrar cuan lejos pueden llegar sus transmisiones del pensamiento. Ellos dicen que pueden transmitir mentalmente una carta de naipes a kilómetros de distancia. El supuesto psíquico llama telefónicamente a alguna parte donde le contestan, él espera unos segundos mientras le comunican con la persona a la cual le va a transmitir la carta previamente sacada al azar entre la baraja por un integrante del público.
Inmediatamente la persona contesta a la bocina, dice: La carta es XXX.
El truco es muy simple, y solo consiste en ponerse de acuerdo con un amigo, diciéndole que le hará una llamada a cierta hora del día y esté pendiente.
Le pide al público que saque una carta cualquiera. El psíquico la mira y se “concentra” para transmitirla a su amigo que está a kilómetros de distancia.
Imaginemos que la carta elegida es el 6 de trébol. Entonces coge el teléfono y marca a la casa de su amigo. La conversación transcurre de la siguiente forma, realmente:
Amigo: ¿aló?
Psíquico: (tose levemente para que el amigo sepa que es él).
Amigo: 1, 2, 3, 4, 5, 6 (Cada número lo dice lentamente)
Psíquico: ¡Aló!, Buenas tarde, ¿podría comunicarme con Jorge?
Amigo: diamantes, corazón, trébol.
Psíquico: Hola Jorge, te voy a transmitir una carta para que le digas al público cual es y poder demostrar mi poder de transmisión a distancia.(Se pone el altavoz del teléfono).
Amigo: la carta evidentemente es el 6 de trébol.

¿Ven cuan fácil es engañar al público que no conoce de magia?

• ENCENDER PAPELES CON EL PENSAMIENTO: Este es un truco químico, pero muchos embaucadores, insisten que realmente logran encender objetos con el poder de la mente.
Previamente se prepara un pedazo de papel higiénico con “permanganato de potasio” y se sella haciéndole un trenzado. Este rollo se guarda en la palma de la mano, sin dejarlo ver del público.
Se pasa incidentalmente la mano que tiene oculto el rollo con permanganato de potasio, por un lugar donde previamente se dejó caer “glicerina”, inmediatamente hace el empalme, para sacar a flote el papel que empezará a echar llamas de fuego.
El contacto entre el permanganato de potasio, y la glicerina en un medio carburante como lo es el papel higiénico, produce fuego.
De inmediato verá a toda la audiencia con la boca abierta creyendo que usted realmente es un psíquico que tiene poderes para prender papeles con la mente.

• VER A TRAVÉS DE SOBRE SELLADOS: Este truco es muy famoso entre los magos del mundo, y se puede hacer de muchísimas formas, cualquier libro bueno de magia enseña como hacerlo.
Sin embargo muchas de las personas que presencian a Uri Geller y otros “Psíquicos” quedan convencidos 100% de su capacidad para leer sobres sellados.

Una de las muchas formas de hacerlo es la siguiente:
Se preselecciona a alguien en el público quién nos ayudará con el truco, y se le dice que escriba un nombre, para nuestro ejemplo coloquemos “Carolina Ospina”.
Ya en escena; repartimos sobres y papel a varias personas, obviamente entre ellas está el ayudante dentro del público que escribirá de nombre: “Carolina Ospina”. Se recogen los sobres sellados que dentro tienen los nombres, teniendo en cuenta que el sobre que dice “Carolina Ospina” quede de ultimo. Así el primero que abra, será el de otra persona, pero yo digo: • Aquí en este sobre dice: Carolina Ospina.
Y el ayudante dentro del público se levante muy entusiasmado de que aya adivinado su nombre (el cual previamente había sido coordinado con el supuesto psíquico). Como el sobre de “Carolina Ospina” está de ultimo, el primer sobre que abrí tiene otro nombre, así que ya lo leí. En el segundo sobre digo el nombre que leí en el primer sobre, en el tercer sobre digo el nombre del segundo sobre y así sucesivamente.

Es un truco muy sencillo, sin embargo ha engañado a muchos que se mofan de ser expertos investigadores de lo paranormal.

Lastimosamente no conocen los más sencillos trucos y caen vilmente en ellos. Como puede notar el lector, engañar a las personas es realmente muy sencillo.

Existen cientos de miles de trucos con los cuales cualquier científico o persona ignorante en temas de magia y prestidigitación, puede quedar absolutamente impresionado y afirmar contra viento y marea que los fenómenos paranormales existen, cuando solo han sido víctimas de un embaucador que los engañó, con simples trucos conocidos por magos escépticos.
James Randi un famoso mago y uno de los escépticos más respetados del mundo ofrece 1 millón de dólares a quien le demuestre algún poder o fenómeno paranormal (Si está interesado en participar, visite: http://www.randi.org/research/index.html).
El gran premio lleva muchos años archivado a pesar que se han presentado cientos de personas, pero a todas se les demuestra fraude, o simple autoengaño.