Declaraciones del Vaticano sobre las enfermedades

Por: De la columna de James Randi.

LA ENFERMEDAD ES CAUSADA POR EL PECADO (…)

El arzobispo Paul Cordes, la cabeza alemana de la agencia para ayuda humanitaria del Vaticano, ahora nos dice confidencial y oficialmente que las “autoridades sobre las sagradas escrituras” dicen que la enfermedad es el “resultado del pecado” y que las personas poseen un deseo natural de “estar saludables y ser atractivos”.
Léanlo otra vez. Sip, en eso es lo que cree este dinosaurio intelectual: la primera es un absurdo y la segunda un hecho evidente.
Pero, inmediatamente después que el Monseñor emitiera esta increible declaración, el Padre Georges Cottier, el jefe teólogo del Papa, se apresuró en asegurarle a esos que están enfermos que ellos, en realidad, no están “pagando por sus pecados”.

No consigo seguir esta línea de pensamiento para nada. Pero tengo que admitir que no he sido entrenado en el razonamiento retorcido.
Aparentemente, Cottier lo tiene muy claro.
“El deseo del Hombre de estar saludable, ser atractivo y fuerte es justificado porque anticipa nuestra salvación futura. No podemos negar que la muerte, de la cual, la enfermedad es una anticipación, siempre ha sido vista como una consecuencia del pecado”, dijo Cordes.
¿En serio? Maldición, y yo que pensaba que la herencia, las bacterias y los virus, podrían ser sacados a colación aquí, por algún lado.
Y, ¿qué es esta basura de “Uno no puede negar”? ¡Yo lo niego, fuerte y claramente! Me importa un rábano si Cordes está seguro en el Evangelio de San Juan, al que cita para validar su noción.

Yo no sé – nadie lo sabe – quien escribió el material para estos evangelios, aunque quizá haya habido alguien llamado Juan ahí dentro en algún lugar. Y un muchacho llamado Gasparín y otro llamado Pierre y, probablemente, una pareja de Federicos y Josefinas también. Simplemente no lo sabemos.

El Padre Cottier, el otro gigante intelectual envuelto en el asunto, se refirió al “pecado original cometido por Adán y Eva en el Jardín del Edén”, que, según él “introdujo el pecado y el sufrimiento dentro de la condición humana”.
¡Hey, Cottier! ¡Sé un poco más realista! ¡Madura! Nos estamos enfureciendo aquí con toda esta actitud puritánica que dice que la sexualidad es malvada. Si, la historia cuenta que Adán y Eva hicieron “La Cosa Mala” y, eso hizo que todo fuera Malo.
Pero, otra historia tiene a Ricitos de oro hablando con osos, los osos cocinando y comiendo avena y, un Príncipe que la despierta de un coma con un beso, luego de que convirtiera el agua en vino.
¿O es que se me han confundido las mitologías aquí? Es muy confuso… Al mismo tiempo llega un, obviamente, mal informado hombre, el teólogo Bruno Moriconi, quien entra en la discusión al declarar ingenuamente que la enfermedad no es “ni una bendición ni una maldición, pero que simplemente es el resultado del malfuncionamiento del organismo humano”.
¡Bueno! ¿De dónde saca él su información? No puedo creer que ha estado leyendo esos libros de ciencia.

Los que están llenos del trabajo del Demonio, ¡negando verdades Bíblicas! “No tiene caso buscar una explicación en la Biblia”, dice este valiente hombre volando frente a la misma cara del Vaticano. Como me escribe nuestro lector Brian Buckeye de Akron, Ohio, “Por lo menos ALGUIEN ha abierto un libro de texto en los pasados 200 años…”
Comentando sobre este disparate, el periódico italiano La Repubblica dijo que la idea de que esos llenos de vigor y atractivos están bendecidos, mientras que el feo y el enfermo están malditos, es tan antigua que le ganaba al cristianismo.
Y el periódico La Stampa escribió que si la enfermedad realmente fuese el resultado del pecado y el crimen entonces “los grandes dictadores y criminales del mundo estuvieran todos muertos o enfermos“. En mi opinión, ése es un buen pensamiento.

Andrew Harter de la JREF sugiere que llevemos esta noticia de que la enfermedad es el resultado del pecado, al más cercano hospital de niños… Tengo que cortar este hábito malvado de pensar por mí mismo e ignorar las verdades medievales.

La ciencia está en los detalles

La ciencia está en los detalles

Por: Sam Harris

El presidente Obama nominó a Francis Collins a ser el siguiente director de los Institutos Nacionales de la Salud. Se vería como una brillante elección. Las credenciales del Dr. Collins son impecables: es Fisicoquímico y Mfe-ciencia1édico Genético; además solía ser cabeza del Proyecto Genoma Humano. También, según él mismo, es la prueba viviente de que no hay conflicto entre ciencia y religión. En el 2006, publicó “El Lenguaje de Dios”, en el que dice demostrar “una consistente y profundamente satisfactoria armonía entre la ciencia del siglo 21 y el evangelio cristiano.

Al Dr. Collins lo suelen reconocer los científicos seculares por lo que no es, no es un “creacionista de tierra nueva” ni defensor del “diseño inteligente”. Dada la evidencia para la evolución, esas son dos muy buenas cosas que un científico no sea. 

Pero como director de los Institutos, el Dr. Collins tendrá más responsabilidad sobre la investigación biomédica y relacionada con la medicina que cualquier otra persona en la tierra, controlando un presupuesto anual de más de 30 mil millones de dólares. También será uno de los mayores representantes de la ciencia en los Estados Unidos. Por esta razón, es importante que entendamos al Dr. Collins y su fe en cuanto se relacionan con la investigación científica. 

Lo que sigue son una serie de diapositivas, presentadas en orden, de una conferencia sobre ciencia y creencia que el Dr. Collins dio en la Universidad de Californa, Berkeley, en el 2008.

Diapositiva 1: “Dios todopoderoso, que no está limitado en espacio o tiempo, creó el universo hace 13.7 mil millones de años con los parámetros precisos para permitir el desarrollo de la complejidad en largos periodos de tiempo.”

Diapositiva 2: “El plan de Dios incluye al mecanismo de la evolución para crear la maravillosa diversidad de criaturas vivientes en nuestro planeta. Especialmente, ese creativo plan incluía a los seres humanos.” 

Diapositiva 3: “Después de que la evolución haya preparado una ‘casa’ lo suficientemente avanzada (el cerebro humano), Dios otorgó a la humanidad el conocimiento del bien y el mal (la ley moral), libre albedrío y un alma inmortal.”

Diapositiva 4: “Nosotros los humanos utilizamos nuestro libre albedrío para romper la ley moral, alejándonos de Dios. Para los cristianos, Jesús es la solución a ese distanciamiento.”

Diapositiva 5: “Si la ley moral es sólo un efecto colateral de la evolución, entonces no hay tal cosa como el bien y el mal. Todo es una ilusión. Todos hemos sido engañados. ¿Está alguno de nosotros, especialmente los ateos fuertes1, realmente preparado para vivir dentro de esa cosmovisión?”

¿Por qué habrían de ser las creencias del Dr. Collins importantes? 

En los Estados Unidos hay una ignorancia científica epidémica. Esto no es sorprendente, ya que muy pocas verdades científicas son auto evidentes y muchas son contra intuitivas. No es de ninguna manera obvio que el espacio vacío tenga estructura o que compartamos un antecesor en común con la mosca y con la banana. Puede ser difícil pensar como un científico. Pero muy pocas cosas hacen más difícil pensar como un científico que la religión.

El Dr. Collins escribió que la ciencia hace la creencia en Dios “intensamente plausible”; el Big Bang, la precisión de las constantes naturales, la emergencia de vida compleja, la eficacia de las matemáticas, todo sugiere la existencia de un Dios “amoroso, lógico y consistente.”

Pero al confrontarlo con explicaciones alternativas de este fenómeno, o con evidencia que sugiere que Dios no es amoroso, ilógico, inconsistente o, de hecho, ausente, el Dr. Collins dice que Dios está fuera de la naturaleza, por lo tanto la ciencia no puede preguntar acerca de su existencia del todo.

Así mismo, el Dr. Collins insiste en que nuestras intuiciones morales dan fe de la existencia de Dios, a su carácter perfectamente moral y a su deseo de hermandad entre cada miembro de nuestra especie. Pero cuando nuestra intuición moral pregunta por la causa de la muerte de inocentes en, digamos, una inundación o un terremoto, el Dr. Collins nos asegura que nuestras nociones temporales del bien y el mal no son confiables y que la voluntad de Dios es un misterio. 

La mayoría de los científicos que estudian la mente humana están convencidos de que es producto del cerebro y éste producto de la evolución. El Dr. Collins toma un enfoque diferente: insiste en que en algún momento del desarrollo de nuestra especie Dios insertó componentes cruciales; incluyendo un alma inmortal, libre albedrío, la ley moral, hambre espiritual, altruismo genuino, etc.

Como alguien que cree que nuestro entendimiento de la naturaleza humana puede ser derivado de la neurociencia, psicología, ciencias cognitivas y economía conductual, entre otras, me preocupa la línea de pensamiento del Dr. Collins. También creo que ella mermaría seriamente los campos como neurociencia y nuestro creciente entendimiento de la mente humana. Si tenemos que mirar hacia la religión para explicar nuestro sentido moral, ¿qué vamos a hacer con los déficits asociados con situaciones como el síndrome del lóbulo frontal y la psicopatía? ¿Son estos desórdenes mejor tratados desde la teología?

El Dr. Collins escribió que “la ciencia no ofrece respuestas a las preguntas más apremiantes de la existencia humana” y que “las afirmaciones del materialismo ateo deben ser constantemente resistidas”. 

Uno sólo puede tener esperanza en que estas convicciones no afectarán su juicio en los Institutos de la Salud. Después de todo, entender el bienestar humano a nivel cerebral puede muy bien ofrecer “respuestas a las preguntas más apremiantes de la existencia humana”; preguntas como, ¿por qué sufrimos? ¿O es, de hecho, posible amar al prójimo como a uno mismo? ¿Y acaso cualquier esfuerzo de explicar la naturaleza humana sin referencia a un alma, y explicar la moralidad sin referencia a Dios, no constituye necesariamente un “materialismo ateísta”?  

Francis Collins es un consumado científico y un hombre sincero en sus creencias. Y eso es precisamente lo que me hace sentir tan incómodo con su nominación. ¿Debemos realmente confiar el futuro de la investigación biomédica en los Estados Unidos a un hombre que sinceramente cree que un entendimiento científico de la naturaleza humana es imposible? 

Sam Harris

Fuente original: http://www.nytimes.com/2009/07/27/opinion/27harris.html?_r=2&ref=opinion

Traducción por Sara García