La ciencia está en los detalles

La ciencia está en los detalles

Por: Sam Harris

El presidente Obama nominó a Francis Collins a ser el siguiente director de los Institutos Nacionales de la Salud. Se vería como una brillante elección. Las credenciales del Dr. Collins son impecables: es Fisicoquímico y Mfe-ciencia1édico Genético; además solía ser cabeza del Proyecto Genoma Humano. También, según él mismo, es la prueba viviente de que no hay conflicto entre ciencia y religión. En el 2006, publicó “El Lenguaje de Dios”, en el que dice demostrar “una consistente y profundamente satisfactoria armonía entre la ciencia del siglo 21 y el evangelio cristiano.

Al Dr. Collins lo suelen reconocer los científicos seculares por lo que no es, no es un “creacionista de tierra nueva” ni defensor del “diseño inteligente”. Dada la evidencia para la evolución, esas son dos muy buenas cosas que un científico no sea. 

Pero como director de los Institutos, el Dr. Collins tendrá más responsabilidad sobre la investigación biomédica y relacionada con la medicina que cualquier otra persona en la tierra, controlando un presupuesto anual de más de 30 mil millones de dólares. También será uno de los mayores representantes de la ciencia en los Estados Unidos. Por esta razón, es importante que entendamos al Dr. Collins y su fe en cuanto se relacionan con la investigación científica. 

Lo que sigue son una serie de diapositivas, presentadas en orden, de una conferencia sobre ciencia y creencia que el Dr. Collins dio en la Universidad de Californa, Berkeley, en el 2008.

Diapositiva 1: “Dios todopoderoso, que no está limitado en espacio o tiempo, creó el universo hace 13.7 mil millones de años con los parámetros precisos para permitir el desarrollo de la complejidad en largos periodos de tiempo.”

Diapositiva 2: “El plan de Dios incluye al mecanismo de la evolución para crear la maravillosa diversidad de criaturas vivientes en nuestro planeta. Especialmente, ese creativo plan incluía a los seres humanos.” 

Diapositiva 3: “Después de que la evolución haya preparado una ‘casa’ lo suficientemente avanzada (el cerebro humano), Dios otorgó a la humanidad el conocimiento del bien y el mal (la ley moral), libre albedrío y un alma inmortal.”

Diapositiva 4: “Nosotros los humanos utilizamos nuestro libre albedrío para romper la ley moral, alejándonos de Dios. Para los cristianos, Jesús es la solución a ese distanciamiento.”

Diapositiva 5: “Si la ley moral es sólo un efecto colateral de la evolución, entonces no hay tal cosa como el bien y el mal. Todo es una ilusión. Todos hemos sido engañados. ¿Está alguno de nosotros, especialmente los ateos fuertes1, realmente preparado para vivir dentro de esa cosmovisión?”

¿Por qué habrían de ser las creencias del Dr. Collins importantes? 

En los Estados Unidos hay una ignorancia científica epidémica. Esto no es sorprendente, ya que muy pocas verdades científicas son auto evidentes y muchas son contra intuitivas. No es de ninguna manera obvio que el espacio vacío tenga estructura o que compartamos un antecesor en común con la mosca y con la banana. Puede ser difícil pensar como un científico. Pero muy pocas cosas hacen más difícil pensar como un científico que la religión.

El Dr. Collins escribió que la ciencia hace la creencia en Dios “intensamente plausible”; el Big Bang, la precisión de las constantes naturales, la emergencia de vida compleja, la eficacia de las matemáticas, todo sugiere la existencia de un Dios “amoroso, lógico y consistente.”

Pero al confrontarlo con explicaciones alternativas de este fenómeno, o con evidencia que sugiere que Dios no es amoroso, ilógico, inconsistente o, de hecho, ausente, el Dr. Collins dice que Dios está fuera de la naturaleza, por lo tanto la ciencia no puede preguntar acerca de su existencia del todo.

Así mismo, el Dr. Collins insiste en que nuestras intuiciones morales dan fe de la existencia de Dios, a su carácter perfectamente moral y a su deseo de hermandad entre cada miembro de nuestra especie. Pero cuando nuestra intuición moral pregunta por la causa de la muerte de inocentes en, digamos, una inundación o un terremoto, el Dr. Collins nos asegura que nuestras nociones temporales del bien y el mal no son confiables y que la voluntad de Dios es un misterio. 

La mayoría de los científicos que estudian la mente humana están convencidos de que es producto del cerebro y éste producto de la evolución. El Dr. Collins toma un enfoque diferente: insiste en que en algún momento del desarrollo de nuestra especie Dios insertó componentes cruciales; incluyendo un alma inmortal, libre albedrío, la ley moral, hambre espiritual, altruismo genuino, etc.

Como alguien que cree que nuestro entendimiento de la naturaleza humana puede ser derivado de la neurociencia, psicología, ciencias cognitivas y economía conductual, entre otras, me preocupa la línea de pensamiento del Dr. Collins. También creo que ella mermaría seriamente los campos como neurociencia y nuestro creciente entendimiento de la mente humana. Si tenemos que mirar hacia la religión para explicar nuestro sentido moral, ¿qué vamos a hacer con los déficits asociados con situaciones como el síndrome del lóbulo frontal y la psicopatía? ¿Son estos desórdenes mejor tratados desde la teología?

El Dr. Collins escribió que “la ciencia no ofrece respuestas a las preguntas más apremiantes de la existencia humana” y que “las afirmaciones del materialismo ateo deben ser constantemente resistidas”. 

Uno sólo puede tener esperanza en que estas convicciones no afectarán su juicio en los Institutos de la Salud. Después de todo, entender el bienestar humano a nivel cerebral puede muy bien ofrecer “respuestas a las preguntas más apremiantes de la existencia humana”; preguntas como, ¿por qué sufrimos? ¿O es, de hecho, posible amar al prójimo como a uno mismo? ¿Y acaso cualquier esfuerzo de explicar la naturaleza humana sin referencia a un alma, y explicar la moralidad sin referencia a Dios, no constituye necesariamente un “materialismo ateísta”?  

Francis Collins es un consumado científico y un hombre sincero en sus creencias. Y eso es precisamente lo que me hace sentir tan incómodo con su nominación. ¿Debemos realmente confiar el futuro de la investigación biomédica en los Estados Unidos a un hombre que sinceramente cree que un entendimiento científico de la naturaleza humana es imposible? 

Sam Harris

Fuente original: http://www.nytimes.com/2009/07/27/opinion/27harris.html?_r=2&ref=opinion

Traducción por Sara García

 

La evolución como un hecho y una teoría

La evolución como un hecho y una teoría

Por: Stephen Jay Gould

Kirtley Mather, quien murió en 1980 a los noventa años, fue un pilar tanto de la Ciencia como de la religión cristiana en los Estados Unidos y uno de mis amigos más queridos. La diferencia de casi medio siglo entre nuestras edades evaporó anteriormente nuestros intereses comunes.

La cuestión más curiosa que compartimos, fue una batalla que cada uno luchó a la misma edad. Por Kirtley había ido a Tennessee con Clarence Darrow para testificar a favor de la evolución en el juicio de Scopes de 1925. Cuando pienso que estamos entrampados nuevamente en la misma lucha por una de los conceptos más documentados, más convincentes y excitantes de toda la Ciencia, no sé si reír o llorar.

De acuerdo a los principios idealizados del discurso científico, el despertar de tópicos aletargados debería reflejar datos frescos que dan una vida renovada a las nociones abandonadas. Aquellos que están fuera del debate actual podrían por consiguiente ser excusados por sospechar que los creacionistas han traído a colación algo nuevo, o que los evolucionistas han generado algún problema interno muy serio. Darrow y Bryan fueron al menos más entretenidos que nosotros, antagonistas menores de hoy.

El ascenso del creacionismo es política, simple y llanamente; representa un punto (y de ninguna manera el más preocupante) de la resurgente derecha evangélica. Los argumentos que parecieron locos hace sólo una década, han vuelto a entrar a la corriente del pensamiento actual. El ataque básico de los creacionistas modernos se divide en dos puntos generales antes incluso que nosotros alcancemos los supuestos detalles reales de su asalto contra la evolución.

Primero, ellos juegan sobre el malentendido vernáculo de la palabra “teoría” para llevar a la falsa impresión que nosotros los evolucionistas estamos encubriendo el centro podrido de nuestro edificio. Segundo, ellos abusan de una filosofía de la ciencia muy popular para argumentar que ellos se comportan científicamente a la hora de atacar a la evolución.

Sin embargo, la misma filosofía demuestra que su propia fe no es ciencia, y que el “creacionismo científico” es una frase sin sentido y auto-contradictoria, un ejemplo de lo que Orwell llamó “neolengua” o forma de expresión formal que sirve para fines políticos.

En la jerga estadounidense1, “teoría” frecuentemente significa “hecho imperfecto” –parte de una jerarquía de certidumbre que corre cuesta abajo desde hecho a teoría, hipótesis y suposición. De esta manera los creacionistas pueden (y lo hacen) argumentar: la evolución es “solamente” una teoría, y el debate intenso ahora se ensaña contra muchos aspectos de la teoría. Si la evolución es menos que un hecho, y los científicos no pueden ni siquiera decidirse acerca de la teoría, ¿entonces qué confianza podemos nosotros tener en ella?

Ciertamente, el presidente Reagan hizo eco de este argumento ante un grupo evangélico en Dallas cuando dijo (en lo que yo devotamente creo que fue retórica política): “Bueno, es una teoría. Es solamente una teoría científica, y en los años recientes ha sido cuestionada en el mundo de la ciencia –es decir, no se cree dentro de la comunidad científica que sea tan infalible como alguna vez lo fue.”

Bueno, la evolución es una teoría. Es también un hecho. Y los hechos y las teorías son cosas diferentes, no son peldaños en una jerarquía de certeza creciente. Los hechos son los datos del mundo. Las teorías son las estructuras de ideas que explican e interpretan los hechos. Los hechos no se esfuman cuando los científicos debaten teorías rivales para explicarlos.

La teoría de la gravedad de Einstein reemplazó la de Newton, pero las manzanas no quedaron suspendidas a medio caer, esperando el resultado. Y los humanos evolucionaron de ancestros simiescos tanto si lo hicieron a través del mecanismo propuesto por Darwin o por algún otro, todavía no descubierto. Por otra parte, “hecho” no significa “certeza absoluta”. Las pruebas finales de la lógica y las matemáticas fluyen deductivamente de premisas indicadas y logran certeza sólo porque no tratan acerca del mundo empírico.

Los evolucionistas no hacen afirmaciones de verdades absolutas, aunque los creacionistas frecuentemente lo hacen (y luego nos atacan por un estilo de argumento que ellos mismos propician). En la Ciencia, un “hecho” sólo puede significar “confirmado a tal grado que sería perverso detener su aceptación provisional”. Yo supongo que las manzanas podrían comenzar a elevarse mañana, pero la posibilidad no merece igual tiempo en los salones de clases de física.

Los evolucionistas han sido claros acerca de la distinción entre hecho y teoría desde el inicio, si solamente porque hemos siempre reconocido cuan lejos estamos de entender completamente los mecanismos (teoría) por los cuales la evolución (hecho) ocurrió. Darwin continuamente enfatizó la diferencia entre sus dos grandes y separados logros: establecer el hecho de la evolución, y proponer una teoría –la selección natural- para explicar el mecanismo de la evolución.

Él escribió en La Descendencia del Hombre: “Yo tengo dos objetivos distintos en vista: primeramente, mostrar que las especies no han sido creadas aisladamente, y segundo, Charles Darwin que la selección natural ha sido el agente principal de cambio… Por lo tanto, si he errado en… haber exagerado el poder [de la selección natural]… Yo he al menos, eso espero, hecho un buen servicio en ayudar a derrocar el dogma de las creaciones separadas.” De este modo Darwin reconoció la naturaleza provisional de la selección natural mientras afirmaba el hecho de la evolución.

El fructífero debate teórico que Darwin inició nunca ha cesado. Desde los 40’s hasta los 60’s, la misma teoría de la evolución de Darwin alcanzó una hegemonía temporal que él nunca disfrutó en su vida. Pero el debate renovado caracteriza nuestra década, y mientras que ningún biólogo cuestiona la importancia de la selección natural, muchos dudan de su omnipresencia. En particular, muchos evolucionistas alegan que cantidades sustanciales de cambios genéticos podrían no estar sujetas a la selección natural y podrían diseminarse a través de las poblaciones al azar.

Otros están cuestionando el lazo de la selección natural de Darwin con el cambio gradual e imperceptible a través de todos los grados intermedios; ellos argumentan que los eventos más evolutivos podrían ocurrir mucho más rápido de lo que Darwin imaginó. Los científicos consideran los debates sobre los tópicos fundamentales de la teoría como una señal de salud intelectual y fuente de excitación. La Ciencia es –¿y cómo más puedo decirlo?– más divertida cuando juega con ideas interesantes, examina sus implicaciones, y reconoce que la información antigua podría ser explicada en sorprendentes formas nuevas.

La teoría evolutiva está disfrutando ahora este vigor inusual. Pero en medio de todo este revuelo, ningún biólogo ha sido llevado a dudar del hecho que la evolución ocurre; nosotros estamos debatiendo como pasa. Todos estamos tratando de explicar la misma cosa: el árbol de la descendencia evolutiva concatenando a todos los organismos por lazos de genealogía. Los creacionistas pervierten y caricaturizan este debate a través del olvido consciente de la convicción común que yace bajo él, y sugieren hipócritamente que los evolucionistas ahora dudamos del propio fenómeno que afanosamente tratamos de entender.

En segundo lugar, los creacionistas claman que “el dogma de las creaciones separadas” tal como Darwin lo caracterizó hace un siglo, es una teoría científica que merece igual tiempo que la Evolución en el programa de estudio de biología de la escuela secundaria. Pero un punto de vista popular entre los filósofos de la ciencia desmiente este argumento creacionista. El filósofo Karl Popper ha argumentado por décadas que el estándar contra el cual la ciencia es medida, es la falsabilidad de sus teorías.

Nosotros nunca podemos probar absolutamente, pero podemos falsar. Un conjunto de ideas que no puede, en un principio, ser falsado, no es ciencia . Todo el programa creacionista incluye poco más que un intento retórico para falsar la evolución presentando supuestas contradicciones entres sus partidarios. Su modo de creacionismo, dicen ellos, es “científico” pues sigue el modelo Popperiano al tratar de demoler la Evolución. Sin embargo, el modelo Popperiano debe aplicarse en ambas direcciones.

Uno no se vuelve un científico simplemente tratando de falsar un sistema rival y verdaderamente científico; uno tiene que presentar un sistema alternativo que también satisfaga el criterio Popperiano –que también debe ser falsable en un principio. “Creacionismo científico” es una frase autocontradictoria y sin sentido precisamente porque no puede ser falsada. Yo puedo imaginar observaciones y experimentos que refutarían cualquier teoría evolutiva que conozca, pero no puedo imaginar que datos potenciales podrían llevar a los creacionistas a abandonar sus convicciones.

Artículo original en inglés.

20 Falacias Lógicas

20 Falacias Lógicas

Traducido por Ricardo Montania

Originalmente publicado en The Skeptic’s Guide to the Universe

¿Qué es una falacia lógica?
Todos los argumentos tienen la misma estructura: A por tanto B. Comienzan con una o más premisas (A) la cual es un hecho o verdad asumida en la cual se basa el argumento. Luego se aplican principios lógicos para llegar a una conclusión.(B) Un ejemplo de principio lógico es el de la equivalencia.Por ejemplo, si se comienza con las premisas de que A=B y B=C, se puede aplicar el principio de equivalencia para concluir que A=C. Una falacia lógica es un principio lógico falso o incorrecto.

Un argumento que esta basado en una falacia lógica por tanto no es válido. Es importante notar que si la lógica de un argumento es válida entonces la conclusión también debe ser válida, lo cual significa que si las premisas son todas verdaderas entonces la conclusión también debe ser verdadera.

La lógica correcta aplicada a una o más falsas premisas, sin embargo, conduce a un resultado no válido. También, si un argumento no es válido la conclusión, accidentalmente, todavía puede ser verdadera.

Las principales 20 falacias lógicas (por orden alfabético)

1. Ad hominem.
Un argumento ad hominem es cualquiera que intente mostrar otras verdades o conclusiones atacando a la persona, antes que ateniéndose al argumento en sí mismo. Los verdaderos creyentes cometen a menudo esta falacia, rechazando los argumentos de los escépticos diciendo que son de mente cerrada. Los escépticos, por su parte, pueden caer en la trampa de desechar las afirmaciones de los creyentes en Ovnis, por ej, afirmando que la gente que cree en eso es loca o estúpida.

2. Ad ignorantum.
El argumento de ignorancia básicamente establece que una creencia específica es verdad, porque no sabemos que no es verdad. Los defensores de la percepción extrasensorial por ej. A menudo enfatizan fuertemente lo mucho que ignoramos sobre el cerebro humano. Los creyentes en ovnis suelen argüir que los objetos avistados en el cielo son desconocidos, y por tanto, son naves extraterrestres.

3. Argumento de autoridad.
Establece que una afirmación es cierta porque una persona o grupo que ostenta autoridad dice que eso es verdad. A menudo este argumento es empleado enfatizando los muchos años de experiencia, o las calificaciones formales que posee el individuo que realiza una afirmación específica.

Es razonable dar mayor credibilidad a aquellas afirmaciones hechas por quienes posean el adecuado entorno, educación y credenciales, así como sospechar de las afirmaciones de alguien que realiza afirmaciones de autoridad en un área en la cual no puede demostrar competencia. Pero, la verdad de una afirmación, debe descansar finalmente en la lógica y la evidencia, no en la autoridad de la persona que la enuncia.

4. Argumento de consecuencias finales.
Tales argumentos (también llamados teleológicos) están basados en una reversión entre causa y efecto, porque se arguye que algo es causado por el efecto último que tiene, o propósito al cual sirve. Por ej. Dios debe existir, porque sino la vida no tendría sentido.

5. Argumento de incredulidad personal.
Yo no puedo entender esto, por tanto no puede ser verdad. Los creacionistas argumentan que no pueden imaginar que la complejidad de la vida resulte de la evolución ciega, esto no demuestra que la vida no evoluciona.

6. Confundir asociación con causación.
Esta es similar a la falacia post-hoc en la que se asume causa y efecto para dos variables por el simple hecho de estar correlacionadas, aunque aquí la relación no es estrictamente de una variable siguiendo a la otra en el tiempo.

Esta falacia a menudo es usada para dar correlación estadística, una interpretación causal. Por ej. Durante los 90 el culto religioso y las drogas ilegales han sido de alto consumo. Sería una falacia concluir que por tanto el culto religioso ocasiona el consumo de drogas.

También es posible que el uso de drogas conduzca a un incremento en el culto religioso, o también es posible que ambas variables, se incrementen debido a una tercera variable como la inestabilidad social. También es posible que ambas variables sean independientes y sea una mera coincidencia que ambas aumenten al mismo tiempo.

Un corolario de esto es la invocación de esta falacia lógica para argüir que una asociación no significa causación, pero que podría significarlo. También múltiples correlaciones independientes pueden apuntar a una causación y es una razonable línea argumental.

7. Confundir lo actualmente inexplicado con lo inexplicable.
Que actualmente no tengamos una explicación adecuada de un fenómeno no significa que quedará inexplicado para siempre, o que ello desafía las leyes de la naturaleza, o que se requiera una explicación paranormal. Un ej es el Dios tapagujeros en que aquello que no podemos explicar es por tanto un acto de Dios.

8. Falsa continuidad.
La idea por la cual debido a que no hay una definitiva demarcación entre dos extremos, la distinción entre los extremos no es real o significativa. Hay una difusa línea entre los cultos y la religión, por tanto, ambas son realmente la misma cosa.

9. Falsa dicotomía
Arbitrariamente reducir un grupo de muchas posibilidades a solo dos. Por ej, La evolución no es posible, por tanto, debimos haber sido creados (asume que hay sólo dos posibilidades). Esta falacia también puede ser usada para simplificar en exceso un conjunto de variables de elección de blanco o negro.

10. Inconsistencia.
Es aplicar ciertos criterios o reglas a algunas creencias, argumentos o posiciones pero no a otros. Por ejemplo, un consumidor argumenta que necesitamos regulaciones más fuertes en las prescripciones de las drogas para asegurar su efectividad y prevenir posibles efectos negativos, pero al mismo tiempo dice que las hierbas medicinales deben poder ser vendidas sin regulaciones relativas a su seguridad y/o efectividad.

11. Estándares aceptables móviles
Esto consiste en un método de negar una prueba cambiando arbitrariamente el criterio de prueba aceptable llevándolo más allá de cualquier evidencia existente hasta el momento.

12. Non-Sequitur
En Latín esto significa “no sigue”. Esto se refiere a un argumento en el cual la conclusión no se fundamente necesariamente en la premisa. En otras palabras, se implica una conexión lógica donde no la hay.

13. Post-hoc ergo propter hoc.
Esta falacia tiene el siguiente formato; el evento A precede al evento B por tanto el evento A ocasionó el evento B, es decir, se asume una relación de causa y efecto entre dos eventos por la sola razón de su ordenamiento temporal. (Del latín ” después de esto por tanto a causa de esto”.

14. Reductio ad absurdum.
En lógica formal la reducción al absurdo es un argumento legítimo. Sigue el formato de que si las premisas son asumidas como verdaderas esto necesariamente llevará a un absurdo o falsedad en conclusión una o más de las premisas deben ser falsas. El término es ahora usado a menudo para referirse al abuso de este tipo de argumento estrechando la lógica para forzar una conclusión absurda.

Por ejemplo un entusiasta de los Ovnis argumenta que si alguien es escéptico acerca de la existencia de los visitantes del espacio también debe serlo con relación a la existencia de la Gran muralla China, porque ambas no han sido vistas personalmente.

Esta es una falsa reducción al absurdo pues ignora toda evidencia mas que la de testigos presenciales, también es una falsa inferencia lógica. En forma breve, ser escéptico acerca de Ovnis no requiere rechazar la existencia de la gran muralla.

15. Cuesta resbaladiza.
esta falacia lógica es el argumento de que una posición es no-consistente porque aceptándola significa que la posición extrema también debe ser aceptada. Pero posiciones moderadas no necesariamente conducen la cuesta resbaladiza hasta el extremo.

Por ejemplo deducir que la registración de armas de fuego necesariamente conduzca a la incautación de las mismas. Esto no necesariamente es así, una posición moderada no es inconsistente con la lógica. Dar un poco mas de poder al gobierno no necesariamente implica que esto hará que la gente perciba mas favorablemente darle un poder que en otros tiempos parecía muy grande.

16. Hombre de paja, esto consiste en crear una posición falsa contra la cual argüir.
El formato que sigue es el siguiente; La persona A tiene una posición X, la B presenta una posición Y que es una versión torcida de la X, a continuación B argumenta contra Y para llegar a la conclusión de que X es incorrecto.

17. Razonamiento ad-hoc o argumentos especiales;
este tipo de falacia, difícil de reconocer, es la introducción arbitraria de nuevos elementos en la argumentación para hacer que una afirmación aparezca como válida. Un buen ejemplo es el argumento ad-hoc utilizado para rechazar resultados negativos que utilizan los propugnadores de la percepción extrasensorial PE, entonces a la argumentación de que ” La PE nunca ha sido demostrada bajo condiciones adecuadas de estudio, por tanto la PE no es un fenómeno genuino.

A esto lo promotores de PE han introducido el argumento especial de que la PE no funciona en la presencia de escépticos. Esta falacia a veces es llevada hasta extremos ridículos y más y más elementos ad-hoc son añadidos para intentar explicar las fallas experimentales o inconsistencias lógicas.

18. Tautología.
Una tautología es un argumento que utiliza el razonamiento circular, lo cual significa que la conclusión a la que se llega es también la misma premisa. La estructura de tal argumento es A=B por tanto A=B, aunque la premisa y la conclusión pueden haber sido formuladas en forma diferente esto es solo aparente. Por ejemplo decir que el “toque terapéutico” funciona porque manipula la “fuerza de vida” es una tautología porque la definición de “toque terapéutico” es la alegada manipulación (sin tocar) de la fuerza de vida.

19. Tu quoque.
Literalmente, tu también. Este es un intento de justificar una mala acción porque “alguien más” también la realiza. ” Mi evidencia puede ser inválida, pero la tuya también”.

20. Premisa mayor no establecida.
Esta falacia ocurre cuando se asume una premisa que no ha sido explícitamente establecida. Por ejemplo cuando se argumenta que los alimentos deben ser etiquetados con su contenido de colesterol porque la gente tiene alto colesterol asume que;

  1. El colesterol en la comida produce colesterol en el cuerpo
  2. Etiquetando el producto se reducirá el consumo de colesterol y
  3. Que el alto colesterol no es saludable.Falacias
El Valor del Escepticismo

El Valor del Escepticismo

Por: Bertrand Russell

DE “LA VOLUNTAD DE DUDAR”

dudar

Deseo proponer una doctrina que puede, me temo, parecer violentamente paradójica y subversiva.

La doctrina en cuestión es ésta: que es indeseable creer en una proposicion cuando no hay razones fundadas para suponerla verdadera.

Debo, por supuesto, admitir que si tal opinión llegara a ser común transformaría totalmente nuestra vida social y nuestro sistema político; puesto que ambos son actualmente intachables, ésto debe pesar contra élla. Creo también (lo que es mas serio) que esto tendería a disminuir las rentas de clarividentes, de editores de libros, obispos, y de otros que viven de las esperanzas irracionales de los que no han hecho nada para merecer buena fortuna aquí o de aquí en adelante. Primero que todo, deseo guardarme contra el pensamiento de mantener una posicion extrema.

Soy Whig británico, con un amor británico del compromiso y la moderación. Una historia se cuenta de Pirro, el fundador del Pirronismo (tál era el viejo nombre del escepticismo). Él mantuvo que nunca sabemos bastante para estar seguros que una línea de conducta es más sabia que otra.

En su juventud vio a su profesor en filosofía (de quién él tomo sus principios) con su cabeza metida en una zanja, incapaz de salir. Después de contemplarlo un cierto tiempo, se marcho, diciendo que no habia suficiente fundamento para suponer que haría algún bien sacando al hombre.

Otros, menos escépticos, efectuaron un rescate, y culparon a Pirro por ser de corazon duro. Pero su profesor, fiel a sus principios, lo elogio por su consistencia. No abogo por un escepticismo heroico tal como ése. Estoy preparado para admitir la creencia ordinaria del sentido común, en la práctica si no en teoría.

Estoy preparado para admitir cualquier resultado bien establecido por la ciencia, no como verdad absoluta, sino como suficientemente probable para producir una base para la acción racional. Si se anuncia que habra un eclipse de luna en tal-y-tal fecha, creo méritorio mirar y ver si está ocurriendo. Pirro habría pensado de otra manera.

En este terreno, me siento justificado al afirmar que abogo una posición media. Hay materias acerca de las cuales convienen los que las han investigado; las fechas de eclipses pueden servir como ilustración. Hay otras materias sobre las cuales no convienen los expertos. Aun cuando los expertos coincidan, ellos bien pueden fallar. La opinión de Einstein en cuanto a la magnitud de la desviación de la luz por la gravitación habría sido rechazada por todos los expertos hace no muchos años, con todo se demostró correcta.

Sin embargo la opinión de expertos, cuando es unánime, se debe aceptar por los no expertos como más probablemente correcta que la opinión opuesta. El escepticismo que abogo refiere solamente a esto:

  1. que cuando convienen a los expertos, la opinión opuesta no puede ser sostenida con certeza;
  2. que cuando no convienen, ninguna opinión se pueden mirar como segura por un no-experto; y
  3. que cuando todos coinciden en que no hay bases para una opinión positiva, el hombre ordinario haría bien en no emitir juicio alguno.
Estos asuntos pueden parecer triviales, con todo, si fueran aceptados, revolucionarían absolutamente la vida humana. Las opiniones por las cuales la gente está dispuesta a luchar y a seguir pertenecen todas a una de las tres clases que este escepticismo condena.

Cuando hay argumentos racionales para una opinión, la gente esta contenta en establecerlas y esperan verlas funcionar. En tales casos, la gente no exterioriza sus opiniones con la pasión; las sostiene tranquilamente, y dispone sus razones en silencio. Las opiniones que están sostenidas con la pasión son siempre aquellas que no disponen de buenas bases que las sustenten; la pasión es de hecho la medida de la carencia de bases racionales del expositor.

Las opiniones en política y religión se llevan a cabo casi siempre en forma apasionada. Excepto en China, se cree que que un hombre es una pobre criatura a menos que tenga fuertes opiniones sobre tales materias; la gente odia a los escépticos mucho mas que a los abogados que sostienen ideas hostiles a las propias.

Se piensa que las demandas de la vida práctica exigen opiniones sobre tales cuestiones, y que, si nos volviéramos más racionales, la existencia social seria imposible.

Creo lo contrario de esto, e intentaré poner en claro porqué tengo esta creencia.

Imaginarias líneas sin razón

Imaginarias líneas sin razón

 

abortoEl artículo del doctor Moreno:

La razón y las líneas imaginarias

En inmortal definición de Boecio, el ser humano es “sustancia racional”. Y es que el rasgo que distingue al hombre del resto de la creación es precisamente su capacidad de razonar. Pero ocurre que en ocasiones otros factores como las emociones, los sentimientos e intereses subracionales, entorpecen su visión y lo desvían del camino de racionalidad, con resultados generalmente lamentables. 

Precisamente esta posibilidad de desviarse de su sustancia racional había llevado a Kant, en su momento sin dudas más pesimista, a acuñar su conocida frase “el hombre es de una madera tan torcida que nunca llega a enderezarse”. El objeto de esta breve nota es apuntar, particularmente, un caso de madera torcida causada por el alejamiento de cánones mínimos de la razón.

El caso se me plantea por la discusión en estos días, en la Cámara de los Comunes (Inglaterra), sobre una nueva ley que permitiría la utilización de embriones humanos para el avance científico, la experimentación, la creación de embriones para salvar a hermanos, etc. Y esto, claro está, presenta el problema del estatus jurídico del embrión humano. La postura tradicional, sin dudas, era que la persona humana es un ser único e irrepetible, y, como tal, posee una dignidad sagrada que no puede ser violada por ninguna ley humana, la cual, en tanto no la respete, carecerá de esa fuerza jurígena que caracteriza a las leyes justas. Preguntándose la razón respecto a desde qué momento puede decirse que esa persona humana posee una dignidad absoluta –y una consecuente protección jurídica integral– la respuesta era simple: en toda su vida, es decir, desde su concepción hasta su muerte física definitiva.

Pero he aquí que los avances médicos han desviado a muchos del camino de la racionalidad, pidiendo que se tracen líneas específicas para determinar el momento a partir del cual debe tutelar el ordenamiento jurídico a la vida humana. Algunos, como el filósofo John Rawls, señalan que esta línea debe ser trazada a partir del primer trimestre de vida; otros, a las 24 semanas; otros, todavía, como la legislación británica propuesta, a las 20 y así sucesivamente. De esta forma, se impediría la protección jurídica del embrión, facilitando la experimentación, etc. Pero ¡qué extraños somos los humanos cuando nos ponemos a trazar líneas así, en forma discrecional! ¿O no fueron hombres los que trazaron una línea arbitraria en la década del 30 en Alemania, determinando que algunos sujetos podían contar con la protección del derecho, condenando así a millones que no lo estaban a la más atroz fortuna?

Mi tesis es que estas líneas –20 semanas, 1 día, 3 meses– no son precisamente trazadas por la razón humana, sino más bien por otros factores, que bien pueden ser sentimientos o intereses personales o prejuicios o, en la mayoría de los casos, una conjunción de todo esto. Pero lo que estoy seguro es que no responden a estrictos cánones de racionalidad que, en este caso, debe provenir de los expertos, que son los médicos o embriólogos. Si recurrimos a los manuales más importantes sobre el tema, ellos nos dicen, por ejemplo que “el desarrollo humano comienza en la fertilización, cuando un gameto masculino o esperma (espermatozoide) se une a un gameto femenino u ovocito (huevo) para formar una única célula, un cigoto. Esta célula altamente especializada, totipotente, marcó el comienzo de cada uno de nosotros como un individuo único”. (Keith L. Moore and T. V. N. Persaud, The Developing Human: Clinically Oriented Embryology, Quinta Edición; también en este sentido William J. Larsen, Essentials of Human Embryology o Scott F. Gilbert, Developmental Biology, Séptima Edición).

Luego de leer este tipo de definiciones, científicas, racionales si se quiere, me parece francamente increíble, en el sentido prístino de la palabra, leer a quienes plantean, como se hace ahora en Inglaterra, que el embrión no necesariamente debe tener tutela del derecho, sino que puede trazarse una línea que diga “sólo a partir de las 20 semanas tendrá protección el feto” o similar. ¿Cuál es el fundamento racional para sustentar ello? ¿De dónde sale esta línea? ¿Por qué no trazarla a los 2 días, o las 8 meses y medio, y así sucesivamente?

Y es que, cuando otras cuestiones distintas a la razonabilidad del ser humano se imponen y empezamos a imaginar líneas que sencillamente no existen, parece que tenemos que terminar dándole la razón a Kant: “El hombre es de una madera tan torcida que nunca llega a enderezarse”.

Yo, por mi parte, y en homenaje a mi entrañable abuelo materno, prefiero terminar esta breve nota citando a uno de sus escritores preferidos: “Cuán difícil es explicarla, pero la vida humana es simplemente misteriosa e inviolable; por ello la protegemos con leyes y penalidades” (Ralph Waldo Emerson). Siempre.

José Antonio Moreno Ruffinelli

 

Mi respuesta:

En el artículo del doctor José Antonio Moreno Rufinelli publicado el día domingo 25-05-08 en el suplemento cultural de ABC Color, hay una acusación implícita por parte de éste hacia la ciencia en el sentido de desviar al hombre de su racionalidad. Esta es una extraña idea a los ojos de un racionalista. El doctor Moreno nos habla de una postura tradicional que “sin dudas, era que la persona humana es un ser único e irrepetible, y, como tal, posee una dignidad sagrada que no puede ser violada por ninguna ley humana.

Hagamos un breve repaso entonces de esta historia. La búsqueda de un criterio sólido, no ambiguo, acerca de si el aborto (usemos esta palabra como referencia) es admisible en algún momento, tiene profundas raíces históricas.

En la tradición Cristiana el punto era el momento en que el alma entra al cuerpo, tema no muy apropiado para la investigación científica. Aunque cada religión tiene su doctrina, usualmente no había prohibiciones; era corriente en Grecia y Roma antiguas, aunque los asirios empalaban a las mujeres que abortaban. El Talmud judío enseña que el feto no es una persona por tanto no tiene derechos. En la Biblia, tan abundante en prohibiciones sobre vestimenta, comidas y palabras apenas encontramos una vaga alusión al tema en Éxodo 21:22, diciendo que si una mujer resulta lesionada y en consecuencia aborta, el responsable debe pagar una multa. Los “Angélicos” Tomás de Aquino y Agustín no creían que el aborto sea homicidio, Tomás, porque el embrión no “parece” humano, postura adoptada por el Concilio de Viena en 1.312 y nunca repudiada. El derecho canónico sostenía que el aborto era homicidio sólo después que el feto estuviera “formado”, aproximadamente al final del primer trimestre. En el siglo XVII gracias a los “avances médicos” se examinaron los espermatozoides que parecían mostrar seres humanos plenamente formados. Esta mala interpretación, la de los “homúnculos” (*) convirtió al aborto en motivo de excomunión a partir de 1.869. En los EEUU, hasta 1.800 no había absolutamente ninguna legislación al respecto, lo que produjo el cambio fue el asalto de los médicos contra el aborto.

Como hasta mediado el siglo XIX la medicina no estaba controlada, la elite médica ansiosa por obtener rango e influencia constituyeron la AMA (**). Los médicos afirmaban que el feto era humano aún antes que la madre sintiera su presencia, había que ser médico para saber cuando resultaba moralmente aceptable practicar un aborto.

Así fue la ley hasta los años 60 del siglo pasado.Vemos entonces que las líneas delimitadoras de las que nos habla el doctor Moreno eran ya comunes antes que “los avances médicos” produzcan el supuesto desvío de la racionalidad.

Analicemos ahora la tesis propuesta de que “estas líneas –20 semanas, 1 día, 3 meses– no son precisamente trazadas por la razón humana, sino más bien por otros factores, que bien pueden ser sentimientos o intereses personales o prejuicios o, en la mayoría de los casos, una conjunción de todo esto” ¿Cuándo accede un feto a la personalidad? Este debe ser el criterio ya que solamente una persona puede ser asesinada. ¿Cuándo la cara se torna humana?, ¿cuándo reacciona a los estímulos externos?, ¿cuándo se pone activo como para que la madre lo sienta?, ¿cuándo puede respirar por si sólo? Evidentemente todos estos criterios son arbitrarios y ninguno implica características exclusivamente humanas al margen de la cuestión facial.

También los animales reaccionan al estímulo, respiran y se mueven, sin que eso impida que los matemos de a millones. Reflejos, movimiento o respiración no nos hacen humanos. Lo único que nos hace tales, lo que marca la diferencia fundamental, es esa capacidad de imaginar acontecimientos que todavía no han ocurrido, de concebir cosas, el pensamiento.

El pensamiento, bendición y perdición nuestra, nos hace ser humanos. El pensamiento tiene lugar en el cerebro y unas 100.000 millones de neuronas conectándose entre sí sirven de plataforma a esta maravilla del universo.

Pero la conexión a gran escala comienza recién a los seis meses del embarazo. La actividad cerebral se puede medir mediante electrodos colocados en la cabeza. Las pautas regulares de un cerebro humano no aparecen hasta cerca de los 7 meses y medio del embarazo. Hasta ese momento, el feto por vivo que se nos muestre no posee el suficiente “equipo” para producir pensamientos. Ese es un criterio racional que nos permite trazar la línea que inquieta al doctor Moreno. Esto es, cuando se hace posible un mínimo asomo de pensamiento característicamente humano. Es ampliamente aceptado en nuestra sociedad que la muerte de una persona está asociada con la cesación de toda actividad cerebral aunque sus demás órganos aún funcionen. En el caso que consideramos, tal actividad aún no tiene visos de existencia. Un criterio más estricto, previendo algún desarrollo fetal precoz, sería trazar la línea a los seis meses.

Si decidimos asegurarnos que el embrión no sufra, tracemos la línea cuando aún no posea ninguna célula nerviosa, aunque no es costumbre humana tener en cuenta el sufrimiento para no matar. Obviamente, cuando uno escoge llamar “humano” a una agrupación microscópica de células, no habrá argumento, por racional que sea, que lo convenza en otro sentido. Palabras como “sagrado” provenientes de las creencias religiosas particulares, comienzan a aparecer junto con ataques, ya que no argumentos, que intentan satanizar el aborto como el de relacionar su práctica con las matanzas de judíos por parte de los nazis .La razón nos dice claramente que un humano está caracterizado por su capacidad de de generar pensamientos, el carácter humano se adquiere con esta capacidad. Luego no existe la “arbitrariedad” alegada.

Si se alega la “potencialidad humana” del embrión podemos caer en la pendiente resbaladiza de considerar un delito impedir cualquier coito, que también tiene tal potencialidad. La mayoría de los coitos no producen embarazos de la misma manera en que la mayoría de los embriones abortan espontáneamente antes de originar humanos. Pero ambos tienen tal potencialidad.

Por supuesto que aun teniendo en cuenta lo expuesto, al menos en mi caso, me siento renuente a aceptar la practica de ningún aborto; lo humano entendido en los términos expuestos, me parece maravilloso. No obstante, puesto a decidir entre una persona con su sistema nervioso plenamente desarrollado generando pensamientos y una agrupación de células en la que ninguna de ellas es capaz de sentir o pensar, optaré siempre por lo humano.

(*) Homúnculo: creencia que el espermatozoide era un humano completamente formado que contenía en su interior otros seres humanos completos y así ad- infinitum.

(**) A.M.A: Asociación Médica Americana.

Dios, como hipótesis científica

Dios, como hipótesis científica

 

10df9be814bc1e442620de32a47e541e_articleLa creencia tradicional de que “no es posible demostrar la inexistencia de Dios” es solo cierta cuando se define a Dios en la categoría de “irrefutables” que menciona Popper, refiriéndose a conceptos de tal amplitud que no hay forma de rebatir. No es tal, sin embargo, la condición del dios Cristiano-Judeo-Musulmán. Este dios se encuentra en cada nanómetro cúbico del universo,  participando nanosegundo a nanosegundo de los avatares de su creación, conociendo (¡vaya ancho de banda!) los pensamientos de todas sus criaturas.

La existencia de tal dios es una afirmación de orden natural-empírico y como tal es susceptible de ser analizada como cualquier otra hipótesis del campo científico.

El método consiste en observar si las consecuencias derivadas de la existencia de un dios que posea las tres Oes con que se describe al dios mencionado (a saber Omnisciente, Omnipotente y Omnibenevolente) son consistentes con las observaciones y concuerdan o no con las predicciones del modelo científico estándar.

Primero citaré las observaciones que favorecerían a la existencia de Dios:

  1. Los sucesos puramente naturales serían incapaces de producir el universo, tal como lo conocemos, de la nada. Por ej., la densidad de la masa podría no haber sido la que es exactamente necesaria para para que el universo haya comenzado desde un estado de energía igual a cero, que asumimos es la energía de la nada. Hubiera implicado un milagro, la violación de la conservación de la energía sería precisa para crear el universo.
  2. Se podría probar que los procesos meramente naturales no podrían producir el orden en el universo.
  3. Se podría probar que los procesos meramente naturales no podrían producir la compleja estructura del mundo.
  4. Se podría encontrar evidencia que falsee la evolución. Algún fósil fuera de secuencia o no observarse especies transicionales.
  5. La memoria humana y los pensamientos darían evidencia de que no provienen a través de procesos físicos. La ciencia hubiera confirmado poderes excepcionales de la mente no explicables físicamente. Se hubiera encontrado evidencia de la vida después de la muerte.
  6. Un canal de comunicaciones no físico hubiera sido confirmado empíricamente por revelaciones conteniendo información no asequible por otros medios.
  7. Se hubieran encontrado evidencia histórica de los hechos de las escrituras. Por ej., registros romanos reportando un terremoto en el momento de la crucifixión.
  8. El vacío hubiera sido encontrado absolutamente estable requiriendo necesariamente una acción para traer algo de la nada a la existencia.
  9. El universo debería haber sido absolutamente agradable a la existencia humana. Ya que se lo creo con la vida humana en mente. Los humanos deberían poder moverse de planeta en planeta, capaces de vivir allí sin soporte vital.
  10. Los eventos naturales deberían seguir una ley moral, antes que una moral neutral de leyes matemáticas. Por ej., los rayos podrían caer más a menudo sobre gente malvada, la gente que actúa mal podría ser afectada por enfermedades con mas frecuencia. Las monjas deberían sobrevivir siempre a los accidentes aéreos.
  11. Los creyentes deberían tener un sentido moral superior que los no creyentes y otras cualidades superiores mensurables. Por ej., las cárceles deberían estar llenas de ateos mientras todos los creyentes viven sus felices vidas prósperos y conformes, rodeados de sus amantes familias y mascotas.

Desarrollaré a continuación las tres primeras observaciones mencionadas

1ª observación sobre la no existencia de Dios.

Origen

Una evidencia fuerte a favor de probar la existencia de un Dios creador sería una violación de las leyes de la naturaleza. Tradicionalmente, los teístas argumentaban que la materia debió haber sido creada por Dios, que no era posible que la materia haya sido originada de la nada.

Antes del siglo XX se creía que la materia no podía ser creada o destruida, sólo cambiada de un tipo a otro. La simple existencia de la materia parecía ser un milagro, una violación de la asumida ley de conservación de la masa que ocurrió una sola vez – durante la creación.

Sin embargo en su teoría especial de la relatividad de 1.905 el doctor Einstein mostró que la materia puede ser creada de energía y que puede convertirse en energía.

Todos conocen la tasa de cambio expresada en E=mC^2. Esto expresa que por ej., al aniquilar 1gr de masa obtenemos la energía que obtendríamos de quemar 5.000.000 kg de carbón vegetal. Entonces queda claro que la masa proviene de la energía y la ley de la conservación de la masa queda intacta. Ahora bien, ¿de dónde proviene la energía? La hipótesis de la creación divina quedaría confirmada por un requerimiento teórico de una violación de la ley de la conservación de la energía conocida como 1ª ley de la termodinámica 13.7 millones de años atrás en el momento del Big Bang.

Sin embargo ni las observaciones o la teoría indican que este haya sido el caso. La primera ley permite que la energía se convierta de un tipo a otro en un sistema cerrado mientras que el total de la energía del sistema permanezca constante.

Muy notablemente, la energía total del universo parece ser cero.

Como afirma Stephen Hawking en su libro de 1.988, “Una breve historia del tiempo”,

“En el caso de un universo que es aproximadamente uniforme en el espacio se puede mostrar que la energía gravitacional negativa cancela exactamente la energía positiva representada por la materia. Así la energía total del universo es cero. Específicamente , dentro de pequeños errores de medición, la densidad de energía promedio del universo”

es exactamente la que debería ser para un universo que apareció de un estado de energía cero dentro de una pequeña incertidumbre cuántica. Por tanto, la existencia tanto de la materia como de la energía en el universo no requirieron de la ruptura de ninguna ley en una supuesta creación. En efecto, los datos apoyan fuertemente la hipótesis de que tal milagro no ha ocurrido.

La hipótesis de la creación implica que debió haber ocurrido, es una de sus predicciones y constituye un criterio de falsabilidad, por tanto la predicción no es confirmada y la afirmación de la creación divina de la materia y la energía queda falsada. La hipótesis queda rechazada.

Aquí vemos claramente como la ciencia SI tiene algo que decir sobre Dios.

Imaginemos que el valor de la densidad de la masa del universo no haya sido igual a la necesaria para que la energía total del universo sea cero. Entonces, legítimamente se podría decir que un milagro, violación de las leyes de conservación, sería necesario para que el universo exista. Aunque no sea una prueba concluyente de la existencia de un creador a la satisfacción de todo el mundo, sería un fortísimo indicio a su favor. Pero tal no es el caso.

2da observacion sobre la no existencia de Dios.

El orden.

La hipótesis teísta implica que el orden del universo fue instituido por Dios. Si el universo fue creado, entonces debería tener un cierto orden cuando lo creó, el orden que el Diseñador imprimió en él. Vale decir, en el momento de la creación Dios debería haber puesto el orden del universo. Observaciones que impliquen esa situación o necesidades teóricas de tal situación serían indicios a favor de la existencia de Dios.

Nuevamente nos encontramos con que no se observan tales “marcas de Dios”.

Esto se puede explicar en términos de la 2da ley de la termodinámica, que expresa que la entropía o desorden de un sistema cerrado debe permanecer constante o aumentar con el tiempo. De esto se sigue que como se puede considerar al universo como un sistema cerrado, en algún momento no fue así y alguien desde “afuera” introdujo cierto orden al mismo.

Hasta el descubrimiento por parte de Hubble de la expansión del universo, lo anterior era un fuerte argumento a favor de la posibilidad de la existencia de Dios.

Si imaginamos un cierto desorden en una habitación, digamos zapatos y juguetes tirados por todas partes, siempre podremos obtener un orden local si tenemos un patio donde poner esos zapatos y juguetes causantes del desorden, de otra forma, cuando disponemos de mayor espacio se puede tener más orden local.

Como el universo se expande, partes del universo pueden tener mayor orden a pesar del aumento de la entropía porque el aumento total de la entropía “disponible” es mayor que el aumento de la entropía al expandirse el universo.

Esto es así porque la máxima entropía de una esfera de cierto radio, es la de un agujero negro de ese radio. Pero el universo, que asumimos como una esfera, no es un agujero negro y por lo tanto tiene menos que la máxima entropía. Por tanto aunque volviéndose más desordenado a medida que pasa el tiempo, nuestro universo tiene cada vez más lugar para el desorden. Así también se explica que alguna vez no tuvo lugar para más desorden, es decir, el desorden era máximo. Extrapolando la expansión a 13.7 millones de años atrás cuando el universo estaba confinado a la más pequeña porción de espacio posible, una esfera de Planck que tiene un radio igual a 1.6x 10-35 metros. Como se deduce de la segunda ley, aunque la entropía en ese entonces era menor a la de hoy, sin embargo “llenaba” toda la esfera porque la esfera de Planck es equivalente a un agujero negro.

En el principio el desorden del universo era completo, no tenía estructura; hoy sí tiene estructura basada en el hecho que su entropía ya no es máxima. En el principio no se diseñó nada, era un estado de caos.
Una vez más se ve un resultado científico que de haber sido de otra manera hubiera proveído de una fuerte evidencia de un creador.

Estamos forzados a concluir que el orden complejo que observamos ahora no pudo haber sido el resultado de un diseño inicial de la llamada “creación”. El universo no posee registro de lo ocurrido antes del Big Bang. El creador, de existir, no dejó huellas. Podemos reputarlo como inexistente en cuanto a esto.

3era observación sobre la no-existencia de Dios.

Porqué hay “algo” en vez de “nada”.

Si las leyes de la física proceden, como es demostrable, del espacio-tiempo vacío, ¿de dónde es que viene ese espacio-tiempo?

Este es el último recurso del teísta que busca argumentar la existencia de Dios. ¿Por qué existe “algo” en vez de “nada”?, pregunta que consideran “ganadora”, cuando todos sus supuestos argumentos cosmológicos y físicos fallan.

Analizando la cuestión, una vez más nos topamos con el problema de etiquetación, ¿ a qué exactamente es que llamamos “nada”? ¿cuáles son sus propiedades? ¿Si tuviera propiedades, seguiría siendo “nada”?
Los teístas dicen esto y responden que Dios es la respuesta, pero ¿por qué debería haber Dios y no “nada”?

Asumiendo que podamos definir “nada”, ¿por qué esto es un estado de cosas más natural que “algo”?

La mejor ciencia del momento parece indicar que “algo” es un estado de cosas más plausible que “nada”.

Considérese la simpleza de “nada”; no es razonable esperar que permanezca en ese estado, que sea muy estable. Es muy probable que experimente una transición de fase a algo más complicado, como un universo conteniendo materia. La transición de “nada” hacia algo es natural y no requiere de ningún agente.

La respuesta a la antigua cuestión de porqué hay algo en vez de nada es que ‘nada’ es inestable”--Frank Wilczek, Premio Nobel de Fisica

Los científicos calculan que en un universo sin bordes propuesto por Hawking, la probabilidad para que haya algo en vez de nada está por encima del 60%, de hecho es el 68% (ver “The Comprehensible Cosmos”, por V. Stenger, apéndice H).

Se puede afirmar entonces que el estado natural de las cosas en el universo es de “algo” en vez de “nada”.

Un universo vacío requeriría intervención sobrenatural, no así uno como el que observamos. Solamente una constante intervención divina podría mantener un estado de vacío en el universo, algo así como el que pretenda tener su patio libre de yuyos. Un estado natural de un patio vacío es lleno de yuyos, un patio sin yuyos es uno que requiere constante intervención del dueño. El hecho de que haya “algo” en vez de “nada” es lo que se esperaría si no hubiera Dios.

El argumento teísta, una vez más se vuelve contra ellos.