PNL y negligencia intelectual

PNL y negligencia intelectual

Por: Francisco Ascarza. Publicado originalmente en el blog Insurrectos.

En sociedades presididas en principio por la racionalidad, cuando ésta se diluye o se disloca, los ciudadanos se ven tentados a recurrir a formas de pensamiento prerracionalistas. Se vuelven hacia la superstición, lo esotérico, lo ilógico, y están dispuestos a creer en varitas mágicas capaces de transformar el plomo en oro y los sapos en príncipes.”  –“Un mundo sin rumbo: crisis de fin de siglo”, de Ignacio Ramonet.

Una mirada a la irracionalidad contempla, asimismo, un acercamiento hacia las pseudociencias. A éstas podríamos definirlas como un conjunto de conocimientos que pretende tener caracter científico, pero que carece de el.

Según el filósofo Paul Kurtz, en “Is parapsychology a science?” (1978/1981, The Skeptical Inquirer, Vol 3. nº.2, pp. 14-23), estos modelos pseudocientíficos:

  • a) no utilizan métodos experimentales rigurosos en sus investigaciones;
  • b) carecen de un armazón conceptual contrastable;
  • c) afirman haber alcanzado resultados positivos, aunque sus pruebas son altamente cuestionables, y sus generalizaciones no han sido corroboradas por investigadores imparciales.

Y es en este contexto que se enmarca la Programación Neurolingüística o PNL. En efecto, según el artículo publicado por Alejandro Borgo en la revista del CAIRP (Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia, ya disuelto), el Consejo Nacional de Investigación, creado por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, encomendó al Comité de Técnicas para el Mejoramiento del Desempeño Humano la tarea de investigar la PNL con el objeto de determinar su validez como técnica terapéutica y de aprendizaje.

Las conclusiones son claras (pueden leerse completas en http://www.nap.edu/openbook.php?record_id=1025&page=141). He aquí algunas:

Muchas de las teorías a las que apela la PNL y que se citan como congruentes con ella, no tienen aceptación científica (teoría del cerebro holográfico de Pribram, y la descripción del cerebro estadístico de John).
Los experimentos presentados en apoyo de la PNL no son satisfactorios.
– Hay errores en la descripción de procesos biológicos básicos. Ejemplo: una sinápsis se define como una conexión dendrita-dendrita, en vez de dendrita-axón.
– Las referencias biológicas y psicológicas están desactualizadas. No se menciona la neurotransmisión cuando se habla de la organización cerebral y lo que se cita de psicología cognitiva omite los últimos 20 años de trabajo.
– La conclusión general es que no hay evidencia empírica, hasta la fecha, que permita sostener tanto las pretensiones como la eficacia de la PNL.

En definitiva, la PNL no se sostiene como una disciplina confiable y se presta para la manipulación de incautos y el beneficio económico de los gurús que la defienden. Y sin embargo, es importante hacer notar que en nuestro medio se está poniendo de moda. El mes pasado recibí por lo menos dos invitaciones a charlas acerca de este tema. Charlas que por cierto, no eran gratuitas.

Entonces, ¿qué extrañas fuerzas mueven a empresarios, artistas, universitarios, oficinistas y gente de toda índole a experimentar en estas turbias aguas? ¿qué misterioso componente convierte a esta pseudociencia en exitosa?.

La respuesta a estas preguntas transita el camino del engaño y la pereza intelectual. En efecto, la programación neurolingüística se atribuye una engañosa respetabilidad al hacer alarde de un lenguaje que, por la utilización de vocablos ciéntificos, pretende ser serio.

Tal como lo hiciera notar Michael Corballis en “Are we in our right minds?” (1999) [1]: “la PNL es un título completamente falso, diseñado para dar la impresión de respetabilidad científica”. Y es bien sabido que muchos sucumben a la tentación de quedarse con la cáscara: “si suena bien, ha de ser cierto”.

Es esta actitud facilista la que proporciona tierra fértil para el éxito de charlatanerías de esta índole. Y ese facilismo, que caracteriza el comportamiento de muchos individuos, va de la mano de la pereza intelectual. Estas personas son reacias a preguntarse acerca de la esencia de las cosas. Prefieren una mentira simple e ingeniosa a una verdad que los obligue a razonar. La superficie es su habitat.

Difícilmente puedan comprender la belleza de la profundidad. Se regodean en el término y no en el significado. Se les invita a aprender, pero se excusan diciendo que el tiempo que tienen es corto. Entonces es más sencillo ser un seguidor. Simplemente se engulle lo que otros masticaron.

A veces me pregunto si es razonable preocuparse por gente así. Me tienta responder con un silencio indiferente. Después de todo, cada quien hace de su vida lo que quiere. Pero entonces recuerdo que por culpa de esta negligencia intelectual, gran parte de la historia de la humanidad está cubierta por un manto de sangre resultante de los crímenes cometidos en nombre de todo tipo de dogmatismos y supercherías.

Entonces dejo de lado el sueño de la madrugada para escribir.

Referencias:

[1] Michael Corballis (1999)
Corballis, MC., “Are we in our right minds?” In Sala, S., (ed.) (1999), Mind Myths: Exploring Popular Assumptions About the Mind and Brain Publisher: Wiley, John & Sons. ISBN 0-471-98303-9 (pp. 25-41) see page p.41

Otras referencias:

Eric Einspruch y Bruce Forman
Einspruch, E. L., & Forman, B. D. (1985). “Observations Concerning Research Literature on Neuro-Linguistic Programming”. Journal of Counseling Psychology, 32(4), 589-596.

Barry Beyerstein (1995)
Beyerstein, B. ‘Distinguishing Science from Pseudoscience’, Centre for Professional and Curriculum Development, Dept. Psychology, Simon Fraser University.

Grant Devilly (2005)
“Power therapies and possible threats to the science of psychology and psychiatry” Australian and New Zealand Journal of Psychiatry 39:437–45(9)